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viernes, 30 de agosto de 2013

SOY CONSCIENTE

SOY CONSCIENTE

de todo y de nada

Recorro la gran ola de éxtasis surcando la matriz universal a un ritmo trepidante y a la vez relajado, preciso...

La pantalla de información ambiental de la celda alertaba de una anomalía ausente en el registro de los sistemas automatizados, algo que quizás en otro momento hubiese resultado alarmante. Ahora nada era lo suficientemente anómalo ni peligroso como para medrar la determinación del Capitán, nada podía compararse con la visión de aquel preso que seguía suspendido, flotando en el aire.
-¿No me has oído?- La ira y la impaciencia eran evidentes en la voz del Capitán. -¡He dicho que abras la puerta!-
El alguacil salió de su estupefacción transitoria producida por la confusión del trágico momento. Había despertado en el preciso instante en el que la imagen se empezaba a dibujar clara en su cabeza. Sin pronunciar una palabra dió un paso al frente, cerrando los ojos para retener las incipientes lágrimas. Detrás suyo, el Capitán cogía una fuerte bocanada de aire, recobrándose con exagerado ímpetu de un escaso esfuerzo, mientras él abría la puerta.

...,en una explosión continuada de conocimiento y consciencia que repercute en los frágiles tejidos que separan las distintas realidades, rasgándolos y reberverando con su eco en una espiral críptica desenfrenada...

El Capitán estaba paralizado, sintiendo la fuerza de la energía pura golpeando y deformando su delicada carne, sin disiparse, fluyendo con la misma potencia inalterable con la que había empezado. El tiempo se diluía en la incertidumbre, el espacio se deslizaba por sus límites. Sacudió la cabeza pesadamente, intentando deshacerse de la asfixia sensorial que le apresaba. Aquel hombre seguía ahí, impasible.
Capitán...- A sus pies, los ojos del alguacil asomándose trás una mata ensangrentada de pelo gris. -...quería ver su ascenso a Comodoro, pero me temo que...- Su débil voz se extinguió, exhalando un último hálito de admiración hacia su estimado Capitán, quien ya combatía con todo su arrojo contra la extraña fuerza invisible que salía de la habitación, intentando cerrar la puerta. Las gotas de sudor salían despedidas desde su sien. De pronto cayó en la cuenta: ¡El Comodoro! Él era el único que podía autorizar las medidas de supresión adecuadas a la magnitud de los hechos.

...destructivo-creativa, de la que resurge la llama de la vida dentro de cada átomo, devolviéndola con una suave resaca al útero de la mente.

viernes, 16 de agosto de 2013

SOY LIBRE!!

SOY LIBREEEE

LI-BRE! ¡Tengo absoluuuuuta LIBERTAD!


Vivo en un eterno punto álgido invadido por sentimientos de liberación sensorial inacabable, rebosante, incorrompible, insaciable, deshinibida y constantemente trascendente...


-El alguacil quiere verle Señor - La voz proveniente de su auricular interno sonaba cálida y suave, como un delicado susurro -. Dice que es urgente.
El capitán se revolvió asqueado en su silla, no era la primera vez que había problemas con los presos. Pulsó el botón del intercomunicador:
-¿De qué se trata esta vez?-
-No me lo ha dicho, pero insiste en que es de vital importancia que lo vea con sus propios ojos. - La respuesta no podía disgustarle más. Odiaba las celdas, sus ocupantes, su hedor.
Se dirigió al transportador tubular maldiciendo a la Unión por haber perdonado la vida a todos aquellos disidentes que ahora eran su carga. Mientras cruzaba la zona de los camarotes, desde la altura, pudo ver a unos cabos correr por los pasillos, llamando a cada puerta. Parecían agitados. No podía ser un simulacro, no había sido informado. Tomó aire hasta llenar por completo sus pulmones de oxígeno artificial.

...que me llenan de calma y gozo. Mi cuerpo ha pasado a un segundo plano, no es más que un portal a otra dimensión física y vanal, un contenedor innecesario, redundante. He ascendido a un plano superior, mi mente viaja más rápido que la luz hacia lo desconocido, en todas direcciones,...


-¡Deja de decir tonterías! - El capitán gritaba indignado, reteniendo sus deseos de golpear a su interlocutor.
-Vaya a verlo usted mismo, Mi Capitán - Era un hombre robusto pero pequeño, el alguacil. - . ¡Le juro que no miento! - Una mueca de desesperación apretó su arrugada cara mientras unía sus manos contra el uniforme.
El Capitán tomó la iniciativa y se adelantó hacia la puerta de lo que antes había sido la bodega de la nave, cogiendo aire. El alguacil salió tras él apresuradamente y pasó por el umbral junto al Capitán, intentando adelantarlo para guiarle a través de los corredores de la prisión.
-¿Por qué no habeis aplicado el procedimiento establecido para reducir al reo?- Preguntó de repente el Capitán. -¿Tengo que hacerlo todo yo?
-Pero Señor - Llegaron a la celda y se detuvieron. -¡Está levitando! No toca el suelo, ni las paredes, ¡No sirve de nada electrificar la celda!
-Abre la puerta - Espetó el Capitán - Voy a hacer que baje. 

...hacia dentro y hacia fuera del gran fractal cósmico que compone el universo.